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Los ruidos de las mujeres en la cama

Los ruidos de las mujeres en la cama

Aunque esta columna debería limitarse hoy, último día del año, a desearles los mejores polvos para los tiempos que vienen, el día también permite tratar algunos temas que no por curiosos dejan de ser interesantes con respecto al sexo.

Por ejemplo, qué tal el estudio hecho por un grupo de investigadores que se dedicó a fisgonear a las corvinas en el golfo de México mientras se dedicaban al aquello. Y en tan simpática investigación descubrieron que, en el momento cumbre, estas apasionadas pueden emitir sonidos que sobrepasan los ciento cincuenta decibeles; un ruido más intenso del que emiten los aviones de reacción y que incluso puede llegar a lesionar los tímpanos.

Y aunque parece que los machos hacen estos sonidos guturales para llamar la atención de sus potenciales parejas, lo cierto es que además de ponerse en evidencia para que los pescadores sepan dónde ubicarla, el asunto me parece insustancial pero válido para hablar de algunos ruidos que los humanos emiten sobre el catre; especialmente, nosotras.

Y en este campo, vale la pena hablar de un estudio realizado por las universidades de Lancashire y Leeds, en Gran Bretaña, que demostró que el noventa por ciento de ellas no permanecen mudas mientras avanza la faena; al igual que las hembras de los primates, producen sonidos, en teoría, para atraer más a los machos.

El asunto es que existen al menos cuatro tipos de ruidos femeninos para adobar el polvo, entre los que se destaca el popular gemido que indistintamente se lanza en cualquier momento y no a la hora del clímax, como se pensaría.

Y frente al gemido, la cuarta parte de las mujeres del dichoso estudio admitieron que gemían sin alcanzar el clímax. El 92 por ciento afirmó que lo hacían para fortalecerles la autoestima a los varones. Pero también hubo una que otra que dijo hacerlo porque se aburría, a la espera de que llegara el orgasmo.

Otro ruido es el sikritis, nombre tomado de los textos eróticos hindúes y que hace referencia al sonido que producimos las mujeres al inhalar aire con los dientes apretados.

También están las exclamaciones (ah, eh, dios, my god!), que se producen en las primeras de cambio y que tienen como fin estimular a la contraparte.

De igual forma están los sonidos confusos (mezclas de gemidos, exclamaciones, medias palabras), acompañados de movimientos y que se producen en la medida en que aumenta la excitación y el acelere de la respiración.

Y, por supuesto, están aquellos específicos, autónomos e individuales que son los que se emiten a la hora de los orgasmos. Esos que ponen de manifiesto placer total y que no se pueden describir bajo ninguna manera, pero que son la expresión natural del goce pleno, siempre y cuando no sean fingidos.

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